los reptiles

Posted On diciembre 10, 2009

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Anfibios

Texto: Ceferino Uribe Peña

Ilustración: Héctor Gaitán-Rojo

Los anfibios y los reptiles aparecieron en la Tierra hace muchos, muchos millones de años, y sus parientes más cercanos son los peces, las aves y los mamíferos. A estos cinco grupos se les ha denominado vertebrados, porque en su interior tienen esqueleto y, sobre todo, porque poseen una parte muy importante: el cráneo.

Todos estos animales forman una especie de “cadena”, pues los anfibios son peces evolucionados. A su vez, de ciertos anfibios se derivaron los reptiles. Y de estos últimos las aves y los mamíferos. Y como nosotros, los seres humanos, somos el último eslabón de esta “cadena”, o sea, mamíferos, mira nada más toda la historia que venimos arrastrando.

Pero, como lo primero es lo primero, en este libro vamos a hablar de los anfibios, llamados así porque pueden vivir de dos maneras: dentro del agua, como peces, o sobre la tierra, como cualquiera de nosotros.

Cuando están dentro del agua, los anfibios adultos respiran a través de la piel, pero hay algunos, como los ajolotes, que además respiran por las branquias.

En cambio, cuando salen a tierra, los anfibios toman aire por medio de sus pulmones y también por la piel.

Aunque les gusta vivir tanto dentro del agua como fuera de ella, su existencia depende más del medio acuático que del terrestre.

Por lo general, las hembras ponen sus huevecillos en los charcos, los pantanos, los ríos o las lagunas. Pero espérate tantito. En realidad, lo que la hembra pone no son huevos precisamente, sino que se trata de óvulos que ella deposita en el agua, después de que el macho la ha estimulado.

Luego, el macho deposita sus espermatozoides, también en el agua, y éstos nadan y se introducen en los óvulos. Es en este momento cuando la fecundación se produce. Y al cabo de un tiempo, nacen las crías.

Otra característica curiosa de los anfibios es que son los únicos vertebrados capaces de vivir en la tierra y en el agua que nacen en estado larvario. Es decir, cuando los pequeños salen del huevecillo, la forma de su cuerpo es diferente de la que tendrán al hacerse adultos. Tienen una cola similar a la de los peces; respiran solamente a través de branquias, pues todavía no poseen pulmones, y además carecen de extremidades. Después, cuando pasa el tiempo y van creciendo, adquieren su forma definitiva.

¿Has oído hablar alguna vez de “animales de sangre fría”?

Pues a los anfibios, y a los peces y los reptiles, se les llama así porque ellos no pueden calentarse por sí mismos como lo hacen los mamíferos y las aves, los cuales producen calor dentro de su cuerpo al quemar parte del alimento que consumen diariamente.

El hombre, como buen mamífero que es, genera calor dentro de su cuerpo y además usa ropa, evitando que el calorcito se le escape.

En cambio, los anfibios siempre tienen el cuerpo a la temperatura del lugar donde habitan.

Si los llevas a un clima muy frío, ¡pobres! Y si los cambias a una zona muy cálida también sufren.

Como sucede con todos los animales, entre los anfibios existen diferencias. Sin embargo, hay algunos que se parecen entre sí.

Tomando en cuenta estas semejanzas y diferencias, y para evitar que nos hagamos un lío fenomenal, los especialistas hicieron la siguiente clasificación en subconjuntos:

a) Sapos y ranas

b) Salamandras y ajolotes

c) Cecílidos

En el lenguaje científico, el primer subconjunto se conoce con el nombre de anuros, lo que significa “anfibios sin cola”. El segundo se denomia urodelos, que quiere decir “anfibios con cola”. Y el tercero se llama ápodos, cuyo significado es “anfibio sin extremidades”.

Bueno, de todos ellos, nos resultan más familiares las ranas y los sapos. Tú ya los conoces. Los podemos encontrar, sobre todo, en las épocas de lluvia. Y aunque a veces no los vemos, sí podemos escucharlos, porque los sapos y las ranas tienen voz… ¡Y además cantan! Su canto es utilizado por el macho para llamar a la hembra, y aparearse cuando llega el tiempo de la reproducción. Cada especie canta de manera diferente, ya que si cantasen igual se harían bolas. Podría suceder que una hembra acudiera al llamado de un macho que no fuera de su especie, y éste habría gastado en vano su voz de inspirado cantor.

El apareamiento de los anfibios parece ser más espectacular de lo que se pudiera pensar. Los científicos han sorprendido a ciertas salamandras realizando danzas muy complicadas antes de la fecundación.

También se ha visto, dentro del grupo de las ranas, que los machos pertenecientes a ciertas especies son unos peleoneros. Cuando ven una hembra, todos se la disputan. ¡Y se arman grandes pleitos!

En cuanto al cuidado maternal, existen unas ranas que, en vez de dejar sus huevos fecundados en el agua, los cargan en el lomo, cubriéndolos con una capa gelatinosa. O los esconden en una cavidad que tienen en la boca. De esa manera, impiden que sus huevecillos sean devorados por otros animales, y así sus ranitas nacen a salvo.

Siguiendo con este asunto de las ranas y los sapos, sabrás también que son muy buenos nadadores. Para impulsarse dentro del agua, utilizan sus patas traseras, cuyos dedos están unidos entre sí por membranas. Posiblemente este sistema fue copiado por el hombre cuando inventó las aletas para bucear.

Hay también ranas y sapos que habitan la mayor parte de su tiempo sobre tierra. Éstos tienen dedos fuertes, terminados en punta, con los cuales cavan hoyos que les sirven de guarida. Y además hay otras ranas que no viven ni en el agua ni en la tierra. Sucede que decidieron pasarse la vida en los árboles, como los changos o los papagayos. La forma de sus patas es diferente de la de las demás, pues las puntas de sus dedos son anchas y en forma de ventosa; gracias a ellas pueden subir a los árboles sin el menor riesgo de resbalarse.

En México también hay salamandras y ajolotes, o sea, esos anfibios que los científicos denominan urodelos porque tienen cola. En realidad no son muy abundantes y se les ve poco, porque parece que son muy huidizos.

La gran mayoría de las salamandras son de tamaño pequeño. Su cuerpo, que es alargado y semicilíndrico, mide unos veinte centímetros con todo y cola. Sólo hay dos especies que alcanzan los dos metros y medio: una en China y otra en Estados Unidos.

En cuanto a los ajolotes, son animales típicamente mexicanos, conocidos ya por nuestros antepasados prehispánicos. Y la verdad, la verdad, el ajolote es uno de los anfibios más extraños. Parece pez y hasta tiene branquias en forma de penacho, a cada lado de la cabeza. Posee cola, con la que se impulsa al nadar. Tiene patitas como los lagartos; y pulmones, como los mamíferos, las aves y los reptiles.
Casi siempre está en el fondo del agua. Pero a veces, cuando se le ocurre ver cómo están las cosas en la superficie, asciende desde abajo como un submarino, e infla sus pulmones para poder permanecer flotando.

Y por fin llegamos a los cecílidos, que son unos anfibios cilíndricos, alargados y sin extremidades, parecidos a las lombrices. Su cuerpo vertebrado apenas llega a los ocho centímetros de largo y su cola es muy corta.

Los cecílidos no habitan en el agua, pero tampoco sobre la tierra.

¿Y entonces, dónde?

Siempre enterrados en los pantanos. Para desplazarse, se encogen y se estiran como acordeón, haciendo uso de la cabeza para abrirse camino. Y como son muy pocos los cecílidos existentes en la actualidad y siempre están ocultos, sus costumbres son poco conocidas. ¡Vete a saber qué harán ahí, debajo de tanto fango!

¿De qué se alimentan los anfibios?

Pues de insectos, principalmente. Sólo que cada quien tiene su propia estrategia. Aquellos que cazan en la tierra, se aproximan con sigilo a su presa, y luego extienden su lengua tentando al insecto. Y ahí se acabó la historia, pues como la lengua de los anfibios secreta una sustancia pegajosa, los insectos quedan adheridos a ella y de inmediato pasan al estómago del cazador.

Pues los insectos, principalmente. Sólo que cada quien tiene su propia estrategia. Aquellos que cazan en la tierra, se aproximan con sigilo a su presa, y luego extienden su lengua tentando al insecto.

¿Astutos, no?

Como ves, los anfibios no causan daño a los intereses del hombre. No molestan a nadie, y hasta son beneficiosos, pues muchos de ellos se usan para controlar plagas de insectos.

Y en el caso de ciertas ranas y salamandras, mucha gente guisa con ellas platillos deliciosos.

Por otro lado, los anfibios no tienen manera de defenderse frente a los seres humanos. Prueba de ello es que, cuando el hombre fue estabeciéndose en lugares habitados por anfibios, muchos de éstos fueron desapareciendo.

Anfibios

Texto: Ceferino Uribe Peña

Ilustración: Héctor Gaitán-Rojo

Los anfibios y los reptiles aparecieron en la Tierra hace muchos, muchos millones de años, y sus parientes más cercanos son los peces, las aves y los mamíferos. A estos cinco grupos se les ha denominado vertebrados, porque en su interior tienen esqueleto y, sobre todo, porque poseen una parte muy importante: el cráneo.

Todos estos animales forman una especie de “cadena”, pues los anfibios son peces evolucionados. A su vez, de ciertos anfibios se derivaron los reptiles. Y de estos últimos las aves y los mamíferos. Y como nosotros, los seres humanos, somos el último eslabón de esta “cadena”, o sea, mamíferos, mira nada más toda la historia que venimos arrastrando.

Pero, como lo primero es lo primero, en este libro vamos a hablar de los anfibios, llamados así porque pueden vivir de dos maneras: dentro del agua, como peces, o sobre la tierra, como cualquiera de nosotros.

Cuando están dentro del agua, los anfibios adultos respiran a través de la piel, pero hay algunos, como los ajolotes, que además respiran por las branquias.

En cambio, cuando salen a tierra, los anfibios toman aire por medio de sus pulmones y también por la piel.

Aunque les gusta vivir tanto dentro del agua como fuera de ella, su existencia depende más del medio acuático que del terrestre.

Por lo general, las hembras ponen sus huevecillos en los charcos, los pantanos, los ríos o las lagunas. Pero espérate tantito. En realidad, lo que la hembra pone no son huevos precisamente, sino que se trata de óvulos que ella deposita en el agua, después de que el macho la ha estimulado.

Luego, el macho deposita sus espermatozoides, también en el agua, y éstos nadan y se introducen en los óvulos. Es en este momento cuando la fecundación se produce. Y al cabo de un tiempo, nacen las crías.

Otra característica curiosa de los anfibios es que son los únicos vertebrados capaces de vivir en la tierra y en el agua que nacen en estado larvario. Es decir, cuando los pequeños salen del huevecillo, la forma de su cuerpo es diferente de la que tendrán al hacerse adultos. Tienen una cola similar a la de los peces; respiran solamente a través de branquias, pues todavía no poseen pulmones, y además carecen de extremidades. Después, cuando pasa el tiempo y van creciendo, adquieren su forma definitiva.

¿Has oído hablar alguna vez de “animales de sangre fría”?

Pues a los anfibios, y a los peces y los reptiles, se les llama así porque ellos no pueden calentarse por sí mismos como lo hacen los mamíferos y las aves, los cuales producen calor dentro de su cuerpo al quemar parte del alimento que consumen diariamente.

El hombre, como buen mamífero que es, genera calor dentro de su cuerpo y además usa ropa, evitando que el calorcito se le escape.

En cambio, los anfibios siempre tienen el cuerpo a la temperatura del lugar donde habitan.

Si los llevas a un clima muy frío, ¡pobres! Y si los cambias a una zona muy cálida también sufren.

Como sucede con todos los animales, entre los anfibios existen diferencias. Sin embargo, hay algunos que se parecen entre sí.

Tomando en cuenta estas semejanzas y diferencias, y para evitar que nos hagamos un lío fenomenal, los especialistas hicieron la siguiente clasificación en subconjuntos:

a) Sapos y ranas

b) Salamandras y ajolotes

c) Cecílidos

En el lenguaje científico, el primer subconjunto se conoce con el nombre de anuros, lo que significa “anfibios sin cola”. El segundo se denomia urodelos, que quiere decir “anfibios con cola”. Y el tercero se llama ápodos, cuyo significado es “anfibio sin extremidades”.

Bueno, de todos ellos, nos resultan más familiares las ranas y los sapos. Tú ya los conoces. Los podemos encontrar, sobre todo, en las épocas de lluvia. Y aunque a veces no los vemos, sí podemos escucharlos, porque los sapos y las ranas tienen voz… ¡Y además cantan! Su canto es utilizado por el macho para llamar a la hembra, y aparearse cuando llega el tiempo de la reproducción. Cada especie canta de manera diferente, ya que si cantasen igual se harían bolas. Podría suceder que una hembra acudiera al llamado de un macho que no fuera de su especie, y éste habría gastado en vano su voz de inspirado cantor.

El apareamiento de los anfibios parece ser más espectacular de lo que se pudiera pensar. Los científicos han sorprendido a ciertas salamandras realizando danzas muy complicadas antes de la fecundación.

También se ha visto, dentro del grupo de las ranas, que los machos pertenecientes a ciertas especies son unos peleoneros. Cuando ven una hembra, todos se la disputan. ¡Y se arman grandes pleitos!

En cuanto al cuidado maternal, existen unas ranas que, en vez de dejar sus huevos fecundados en el agua, los cargan en el lomo, cubriéndolos con una capa gelatinosa. O los esconden en una cavidad que tienen en la boca. De esa manera, impiden que sus huevecillos sean devorados por otros animales, y así sus ranitas nacen a salvo.

Siguiendo con este asunto de las ranas y los sapos, sabrás también que son muy buenos nadadores. Para impulsarse dentro del agua, utilizan sus patas traseras, cuyos dedos están unidos entre sí por membranas. Posiblemente este sistema fue copiado por el hombre cuando inventó las aletas para bucear.

Hay también ranas y sapos que habitan la mayor parte de su tiempo sobre tierra. Éstos tienen dedos fuertes, terminados en punta, con los cuales cavan hoyos que les sirven de guarida. Y además hay otras ranas que no viven ni en el agua ni en la tierra. Sucede que decidieron pasarse la vida en los árboles, como los changos o los papagayos. La forma de sus patas es diferente de la de las demás, pues las puntas de sus dedos son anchas y en forma de ventosa; gracias a ellas pueden subir a los árboles sin el menor riesgo de resbalarse.

En México también hay salamandras y ajolotes, o sea, esos anfibios que los científicos denominan urodelos porque tienen cola. En realidad no son muy abundantes y se les ve poco, porque parece que son muy huidizos.

La gran mayoría de las salamandras son de tamaño pequeño. Su cuerpo, que es alargado y semicilíndrico, mide unos veinte centímetros con todo y cola. Sólo hay dos especies que alcanzan los dos metros y medio: una en China y otra en Estados Unidos.

En cuanto a los ajolotes, son animales típicamente mexicanos, conocidos ya por nuestros antepasados prehispánicos. Y la verdad, la verdad, el ajolote es uno de los anfibios más extraños. Parece pez y hasta tiene branquias en forma de penacho, a cada lado de la cabeza. Posee cola, con la que se impulsa al nadar. Tiene patitas como los lagartos; y pulmones, como los mamíferos, las aves y los reptiles.
Casi siempre está en el fondo del agua. Pero a veces, cuando se le ocurre ver cómo están las cosas en la superficie, asciende desde abajo como un submarino, e infla sus pulmones para poder permanecer flotando.

Y por fin llegamos a los cecílidos, que son unos anfibios cilíndricos, alargados y sin extremidades, parecidos a las lombrices. Su cuerpo vertebrado apenas llega a los ocho centímetros de largo y su cola es muy corta.

Los cecílidos no habitan en el agua, pero tampoco sobre la tierra.

¿Y entonces, dónde?

Siempre enterrados en los pantanos. Para desplazarse, se encogen y se estiran como acordeón, haciendo uso de la cabeza para abrirse camino. Y como son muy pocos los cecílidos existentes en la actualidad y siempre están ocultos, sus costumbres son poco conocidas. ¡Vete a saber qué harán ahí, debajo de tanto fango!

¿De qué se alimentan los anfibios?

Pues de insectos, principalmente. Sólo que cada quien tiene su propia estrategia. Aquellos que cazan en la tierra, se aproximan con sigilo a su presa, y luego extienden su lengua tentando al insecto. Y ahí se acabó la historia, pues como la lengua de los anfibios secreta una sustancia pegajosa, los insectos quedan adheridos a ella y de inmediato pasan al estómago del cazador.

Pues los insectos, principalmente. Sólo que cada quien tiene su propia estrategia. Aquellos que cazan en la tierra, se aproximan con sigilo a su presa, y luego extienden su lengua tentando al insecto.

¿Astutos, no?

Como ves, los anfibios no causan daño a los intereses del hombre. No molestan a nadie, y hasta son beneficiosos, pues muchos de ellos se usan para controlar plagas de insectos.

Y en el caso de ciertas ranas y salamandras, mucha gente guisa con ellas platillos deliciosos.

Por otro lado, los anfibios no tienen manera de defenderse frente a los seres humanos. Prueba de ello es que, cuando el hombre fue estabeciéndose en lugares habitados por anfibios, muchos de éstos fueron desapareciendo.

Anfibios

Texto: Ceferino Uribe Peña
Ilustración: Héctor Gaitán-Rojo

Los anfibios y los reptiles aparecieron en la Tierra hace muchos, muchos millones de años, y sus parientes más cercanos son los peces, las aves y los mamíferos. A estos cinco grupos se les ha denominado vertebrados, porque en su interior tienen esqueleto y, sobre todo, porque poseen una parte muy importante: el cráneo.
Todos estos animales forman una especie de “cadena”, pues los anfibios son peces evolucionados. A su vez, de ciertos anfibios se derivaron los reptiles. Y de estos últimos las aves y los mamíferos. Y como nosotros, los seres humanos, somos el último eslabón de esta “cadena”, o sea, mamíferos, mira nada más toda la historia que venimos arrastrando.

Pero, como lo primero es lo primero, en este libro vamos a hablar de los anfibios, llamados así porque pueden vivir de dos maneras: dentro del agua, como peces, o sobre la tierra, como cualquiera de nosotros. Cuando están dentro del agua, los anfibios adultos respiran a través de la piel, pero hay algunos, como los ajolotes, que además respiran por las branquias.
En cambio, cuando salen a tierra, los anfibios toman aire por medio de sus pulmones y también por la piel.
Aunque les gusta vivir tanto dentro del agua como fuera de ella, su existencia depende más del medio acuático que del terrestre.

Por lo general, las hembras ponen sus huevecillos en los charcos, los pantanos, los ríos o las lagunas. Pero espérate tantito. En realidad, lo que la hembra pone no son huevos precisamente, sino que se trata de óvulos que ella deposita en el agua, después de que el macho la ha estimulado.
Luego, el macho deposita sus espermatozoides, también en el agua, y éstos nadan y se introducen en los óvulos. Es en este momento cuando la fecundación se produce. Y al cabo de un tiempo, nacen las crías.

Otra característica curiosa de los anfibios es que son los únicos vertebrados capaces de vivir en la tierra y en el agua que nacen en estado larvario. Es decir, cuando los pequeños salen del huevecillo, la forma de su cuerpo es diferente de la que tendrán al hacerse adultos. Tienen una cola similar a la de los peces; respiran solamente a través de branquias, pues todavía no poseen pulmones, y además carecen de extremidades. Después, cuando pasa el tiempo y van creciendo, adquieren su forma definitiva.

¿Has oído hablar alguna vez de “animales de sangre fría”?
Pues a los anfibios, y a los peces y los reptiles, se les llama así porque ellos no pueden calentarse por sí mismos como lo hacen los mamíferos y las aves, los cuales producen calor dentro de su cuerpo al quemar parte del alimento que consumen diariamente.
El hombre, como buen mamífero que es, genera calor dentro de su cuerpo y además usa ropa, evitando que el calorcito se le escape.

En cambio, los anfibios siempre tienen el cuerpo a la temperatura del lugar donde habitan.

Si los llevas a un clima muy frío, ¡pobres! Y si los cambias a una zona muy cálida también sufren.

Como sucede con todos los animales, entre los anfibios existen diferencias. Sin embargo, hay algunos que se parecen entre sí.
Tomando en cuenta estas semejanzas y diferencias, y para evitar que nos hagamos un lío fenomenal, los especialistas hicieron la siguiente clasificación en subconjuntos:

a) Sapos y ranas
b) Salamandras y ajolotes
c) Cecílidos

En el lenguaje científico, el primer subconjunto se conoce con el nombre de anuros, lo que significa “anfibios sin cola”. El segundo se denomia urodelos, que quiere decir “anfibios con cola”. Y el tercero se llama ápodos, cuyo significado es “anfibio sin extremidades”.
Bueno, de todos ellos, nos resultan más familiares las ranas y los sapos. Tú ya los conoces. Los podemos encontrar, sobre todo, en las épocas de lluvia. Y aunque a veces no los vemos, sí podemos escucharlos, porque los sapos y las ranas tienen voz… ¡Y además cantan! Su canto es utilizado por el macho para llamar a la hembra, y aparearse cuando llega el tiempo de la reproducción. Cada especie canta de manera diferente, ya que si cantasen igual se harían bolas. Podría suceder que una hembra acudiera al llamado de un macho que no fuera de su especie, y éste habría gastado en vano su voz de inspirado cantor.

El apareamiento de los anfibios parece ser más espectacular de lo que se pudiera pensar. Los científicos han sorprendido a ciertas salamandras realizando danzas muy complicadas antes de la fecundación.
También se ha visto, dentro del grupo de las ranas, que los machos pertenecientes a ciertas especies son unos peleoneros. Cuando ven una hembra, todos se la disputan. ¡Y se arman grandes pleitos!
En cuanto al cuidado maternal, existen unas ranas que, en vez de dejar sus huevos fecundados en el agua, los cargan en el lomo, cubriéndolos con una capa gelatinosa. O los esconden en una cavidad que tienen en la boca. De esa manera, impiden que sus huevecillos sean devorados por otros animales, y así sus ranitas nacen a salvo.
Siguiendo con este asunto de las ranas y los sapos, sabrás también que son muy buenos nadadores. Para impulsarse dentro del agua, utilizan sus patas traseras, cuyos dedos están unidos entre sí por membranas. Posiblemente este sistema fue copiado por el hombre cuando inventó las aletas para bucear.

Hay también ranas y sapos que habitan la mayor parte de su tiempo sobre tierra. Éstos tienen dedos fuertes, terminados en punta, con los cuales cavan hoyos que les sirven de guarida. Y además hay otras ranas que no viven ni en el agua ni en la tierra. Sucede que decidieron pasarse la vida en los árboles, como los changos o los papagayos. La forma de sus patas es diferente de la de las demás, pues las puntas de sus dedos son anchas y en forma de ventosa; gracias a ellas pueden subir a los árboles sin el menor riesgo de resbalarse.

En México también hay salamandras y ajolotes, o sea, esos anfibios que los científicos denominan urodelos porque tienen cola. En realidad no son muy abundantes y se les ve poco, porque parece que son muy huidizos.
La gran mayoría de las salamandras son de tamaño pequeño. Su cuerpo, que es alargado y semicilíndrico, mide unos veinte centímetros con todo y cola. Sólo hay dos especies que alcanzan los dos metros y medio: una en China y otra en Estados Unidos.
En cuanto a los ajolotes, son animales típicamente mexicanos, conocidos ya por nuestros antepasados prehispánicos. Y la verdad, la verdad, el ajolote es uno de los anfibios más extraños. Parece pez y hasta tiene branquias en forma de penacho, a cada lado de la cabeza. Posee cola, con la que se impulsa al nadar. Tiene patitas como los lagartos; y pulmones, como los mamíferos, las aves y los reptiles.
Casi siempre está en el fondo del agua. Pero a veces, cuando se le ocurre ver cómo están las cosas en la superficie, asciende desde abajo como un submarino, e infla sus pulmones para poder permanecer flotando.

Y por fin llegamos a los cecílidos, que son unos anfibios cilíndricos, alargados y sin extremidades, parecidos a las lombrices. Su cuerpo vertebrado apenas llega a los ocho centímetros de largo y su cola es muy corta.
Los cecílidos no habitan en el agua, pero tampoco sobre la tierra.

¿Y entonces, dónde?

Siempre enterrados en los pantanos. Para desplazarse, se encogen y se estiran como acordeón, haciendo uso de la cabeza para abrirse camino. Y como son muy pocos los cecílidos existentes en la actualidad y siempre están ocultos, sus costumbres son poco conocidas. ¡Vete a saber qué harán ahí, debajo de tanto fango!

¿De qué se alimentan los anfibios?

Pues de insectos, principalmente. Sólo que cada quien tiene su propia estrategia. Aquellos que cazan en la tierra, se aproximan con sigilo a su presa, y luego extienden su lengua tentando al insecto. Y ahí se acabó la historia, pues como la lengua de los anfibios secreta una sustancia pegajosa, los insectos quedan adheridos a ella y de inmediato pasan al estómago del cazador.

Pues los insectos, principalmente. Sólo que cada quien tiene su propia estrategia. Aquellos que cazan en la tierra, se aproximan con sigilo a su presa, y luego extienden su lengua tentando al insecto.

¿Astutos, no?
Como ves, los anfibios no causan daño a los intereses del hombre. No molestan a nadie, y hasta son beneficiosos, pues muchos de ellos se usan para controlar plagas de insectos.

Y en el caso de ciertas ranas y salamandras, mucha gente guisa con ellas platillos deliciosos.

Por otro lado, los anfibios no tienen manera de defenderse frente a los seres humanos. Prueba de ello es que, cuando el hombre fue estabeciéndose en lugares habitados por anfibios, muchos de éstos fueron desapareciendo.

reptiles

´´VISUALIZANDO UN REPTIL´´

Posted On diciembre 10, 2009

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IMAGEN DE UN REPTIL.

¿LA CULEBRA UN REPTIL?

Posted On diciembre 10, 2009

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  LA CULEBRA TAMBIEN CARACTERIZADA COMO UN REPTIL VENENOSO.

LA RANA

Posted On diciembre 10, 2009

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´´LOS ANFIBIOS´´

Posted On diciembre 10, 2009

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BIENVENIDOS AL CURSO DE
ANFIBIOS Y REPTILES

ANFIBIOS
Los anfibios son vertebrados anamniotas, tetrápodos, con respiración branquial durante la fase larvaria y pulmonar al alcanzar el estado adulto. A diferencia del resto de los vertebrados, se distinguen por sufrir una transformación durante su desarrollo; este cambio puede ser drástico y se denomina entonces metamorfosis. Fueron los primeros vertebrados en adaptarse a una vida semiterrestre.

REPTILES

Los Reptiles (son un grupo de vertebrados amniotas provistos de escamas epidérmicas de queratina. Fueron muy abundantes en el Mesozoico, época en la que surgieron los dinosaurios, pterosaurios e ictiosaurios. Según la taxonomía tradicional los reptiles son considerados una clase; según la sistemática cladística, son un grupo parafilético sin valor taxonómico

SITEMA ORGANICO

vertebrados que en su primera edad respiran el oxígeno disuelto en el agua y que tienen el corazón separado en dos cavidades; cuando son adultos su respiración es pulmonar y obtienen una tercera cavidad en el corazón.
Los anfibios son animales que, en la primera etapa de vida, viven siempre en el agua y respiran por branquias como los peces. Cuando son adultos pueden vivir tanto en agua como en tierra y respiran por pulmones y a través de la piel.
Su piel está recubierta por una mucosidad que impide que se seque. Poseen cuatro patas; las posteriores con largas y fuertes, adaptadas al salto y a la natación. Poseen cinco dedos unidos por una membrana. Las patas anteriores son más cortas y sólo tienen cuatro dedos que carecen de membrana. La boca de estos animales está provista de unos diminutos dientes.

En los anfibios se forma una región cervical, que forma el cuello y otra sacra que ayuda a sostener las extremidades posteriores
Sistema Óseo:En la anatomía interna de los Anfibios se distingue un esqueleto en cuyas extremidades aparecen varios segmentos óseos, con adaptaciones para la locomoción en el medio terrestre. Las extremidades anteriores poseen tres segmentos: el húmero; el radio-cubital (dos huesos fusionados); y el tercero compuesto por una serie de huesos carpianos, metacarpianos y falanges de cinco dedos. Las extremidades posteriores se distribuyen en número y forma similar: el fémur; el tibio-peroneo (dos huesos fusionados); y el conjunto de tarsianos, metatarsianos y las falanges de los cinco dedos del pie. Es de destacar que este esquema de extremidades báico se repite en el resto de vertebrados, tanto reptiles, como aves y mamíferos, salvo algunas modificaciones de adaptación a los distintos tipos de locomoción.

Sistema digestivo, circulatorio y reproductor

Circulación en anfibios
En los primeros Vertebrados pulmonados (Anfibios y Reptiles no cocodrilianos) el corazón está en posición torácica y aparece una circulación doble, ya que existe un circuito menor o pulmonar, que lleva la sangre venosa a los pulmones y trae de vuelta al corazón la sangre arterial desde aquellos, y el circuito mayor o general, que lleva la sangre arterial al resto del cuerpo y trae de vuelta la sangre venosa al corazón.
En estos animales el corazón tiene tres cavidades: dos aurículas (derecha e izquierda) y un único ventrículo bastante musculoso. La aurícula derecha recibe la sangre venosa procedente del resto del cuerpo, y la manda al ventrículo para que éste la bombee a los pulmones a través de la arteria pulmonar. La aurícula izquierda recibe la sangre arterial procedente de los pulmones, la manda al ventrículo y éste la bombea al resto del cuerpo a través de la aorta. Entre las dos arterias existe un pequeño tubo llamado conducto de Botal. Las aurículas se contraen de forma sucesiva

Orden anuros

Los anuros (Anura, gr. a(n), “no” y ourá, “cola”) son un clado de anfibios conocidos vulgarmente como ranas y sapos, aunque tal división carece de rigor taxonómico. Se caracterizan por la ausencia de cola, por presentar un cuerpo corto y muy ensanchado y por el gran desarrollo de las patas posteriores adaptadas para el salto. Se estima que existen más de 5.000 especies de anuros, repartidos en 48 familias.1 Los anuros son el grupo más numeroso de anfibios. La mayoría pasa su vida dentro o cerca del agua. Su tamaño puede variar entre desde un par de milímetros, como es el caso de las especies del género Eleutherodactylus,2 hasta tallas que superan los 30 centímetros, destacando la rana goliat, el anuro más grande del mundo.3
“Rana” puede referirse a cualquier miembro del orden Anura (anfibios sin cola) exceptuando las especies que tienen piel rugosa en el dorso (“sapos”). Sin embargo, como se había mencionado, la diferencia entre las palabras rana y sapo no tiene fundamento taxonómico. Los diferentes usos de estos términos se deben a la discrepancia entre la clasificación vernacular y la clasificación científica del grupo Anura. Además, la mayoría de las especies de anuros viven en países tropicales, donde la diversidad de familias es mucho más grande que en zonas templadas. Al originarse en un país templado, el idioma español no dispone de términos adecuados para denominar la mayoría de las formas de anuros.

Orden gimnofiones (apodos

Los gimnofiones (Gymnophiona, que en griego significa “serpiente desnuda”) o ápodos (Apoda), conocidos vulgarmente como cecilias, son un clado de anfibios caracterizados principalmente por presentar un aspecto vermiforme, tentáculos olfativos y una ausencia de extremidades, cintura pélvica y cintura escapular.1 Habitan únicamente en las regiones tropicales húmedas, exhibiendo un estilo de vida fosorial al vivir bajo el suelo, mientras que algunas especies son secundariamente acuáticas. Se encuentran en Sudamérica, África, la India, Indochina y algunas otras regiones que formaron parte de Gondwana durante el Mesozoico.2 Los registros más antiguos de gimnofiones corresponden al holotipo de Eocaecilia micropodia del Jurásico Inferior3 y a Rubricacaecilia del Cretácico Inferior4 Hoy en día existen más de 170 especies conocidas de cecilias

¿COMO SABER MAS DE ANFBIOS?

Posted On octubre 23, 2009

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 Todos estos animales forman una especie de “cadena”, pues los anfibios son peces evolucionados. A su vez, de ciertos anfibios se derivaron los reptiles. Y de estos últimos las aves y los mamíferos. Y como nosotros, los seres humanos, somos el último eslabón de esta “cadena”, o sea, mamíferos, mira nada más toda la historia que venimos arrastrando. Pero, como lo primero es lo primero, en este libro vamos a hablar de los anfibios, llamados así porque pueden vivir de dos maneras: dentro del agua, como peces, o sobre la tierra, como cualquiera de nosotros. Cuando están dentro del agua, los anfibios adultos respiran a través de la piel, pero hay algunos, como los ajolotes, que además respiran por las branquias. En cambio, cuando salen a tierra, los anfibios toman aire por medio de sus pulmones y también por la piel. Aunque les gusta vivir tanto dentro del agua como fuera de ella, su existencia depende más del medio acuático que del terrestre. Por lo general, las hembras ponen sus huevecillos en los charcos, los pantanos, los ríos o las lagunas. Pero espérate tantito. En realidad, lo que la hembra pone no son huevos precisamente, sino que se trata de óvulos que ella deposita en el agua, después de que el macho la ha estimulado. Luego, el macho deposita sus espermatozoides, también en el agua, y éstos nadan y se introducen en los óvulos. Es en este momento cuando la fecundación se produce. Y al cabo de un tiempo, nacen las crías. Otra característica curiosa de los anfibios es que son los únicos vertebrados capaces de vivir en la tierra y en el agua que nacen en estado larvario. Es decir, cuando los pequeños salen del huevecillo, la forma de su cuerpo es diferente de la que tendrán al hacerse adultos. Tienen una cola similar a la de los peces; respiran solamente a través de branquias, pues todavía no poseen pulmones, y además carecen de extremidades. Después, cuando pasa el tiempo y van creciendo, adquieren su forma definitiva. ¿Has oído hablar alguna vez de “animales de sangre fría”? Pues a los anfibios, y a los peces y los reptiles, se les llama así porque ellos no pueden calentarse por sí mismos como lo hacen los mamíferos y las aves, los cuales producen calor dentro de su cuerpo al quemar parte del alimento que consumen diariamente. El hombre, como buen mamífero que es, genera calor dentro de su cuerpo y además usa ropa, evitando que el calorcito se le escape. En cambio, los anfibios siempre tienen el cuerpo a la temperatura del lugar donde habitan. Si los llevas a un clima muy frío, ¡pobres! Y si los cambias a una zona muy cálida también sufren. Como sucede con todos los animales, entre los anfibios existen diferencias. Sin embargo, hay algunos que se parecen entre sí. Tomando en cuenta estas semejanzas y diferencias, y para evitar que nos hagamos un lío fenomenal, los especialistas hicieron la siguiente clasificación en subconjuntos: a) Sapos y ranas b) Salamandras y ajolotes c) Cecílidos En el lenguaje científico, el primer subconjunto se conoce con el nombre de anuros, lo que significa “anfibios sin cola”. El segundo se denomia urodelos, que quiere decir “anfibios con cola”. Y el tercero se llama ápodos, cuyo significado es “anfibio sin extremidades”. Bueno, de todos ellos, nos resultan más familiares las ranas y los sapos. Tú ya los conoces. Los podemos encontrar, sobre todo, en las épocas de lluvia. Y aunque a veces no los vemos, sí podemos escucharlos, porque los sapos y las ranas tienen voz… ¡Y además cantan! Su canto es utilizado por el macho para llamar a la hembra, y aparearse cuando llega el tiempo de la reproducción. Cada especie canta de manera diferente, ya que si cantasen igual se harían bolas. Podría suceder que una hembra acudiera al llamado de un macho que no fuera de su especie, y éste habría gastado en vano su voz de inspirado cantor. El apareamiento de los anfibios parece ser más espectacular de lo que se pudiera pensar. Los científicos han sorprendido a ciertas salamandras realizando danzas muy complicadas antes de la fecundación. También se ha visto, dentro del grupo de las ranas, que los machos pertenecientes a ciertas especies son unos peleoneros. Cuando ven una hembra, todos se la disputan. ¡Y se arman grandes pleitos! En cuanto al cuidado maternal, existen unas ranas que, en vez de dejar sus huevos fecundados en el agua, los cargan en el lomo, cubriéndolos con una capa gelatinosa. O los esconden en una cavidad que tienen en la boca. De esa manera, impiden que sus huevecillos sean devorados por otros animales, y así sus ranitas nacen a salvo. Siguiendo con este asunto de las ranas y los sapos, sabrás también que son muy buenos nadadores. Para impulsarse dentro del agua, utilizan sus patas traseras, cuyos dedos están unidos entre sí por membranas. Posiblemente este sistema fue copiado por el hombre cuando inventó las aletas para bucear. Hay también ranas y sapos que habitan la mayor parte de su tiempo sobre tierra. Éstos tienen dedos fuertes, terminados en punta, con los cuales cavan hoyos que les sirven de guarida. Y además hay otras ranas que no viven ni en el agua ni en la tierra. Sucede que decidieron pasarse la vida en los árboles, como los changos o los papagayos. La forma de sus patas es diferente de la de las demás, pues las puntas de sus dedos son anchas y en forma de ventosa; gracias a ellas pueden subir a los árboles sin el menor riesgo de resbalarse. En México también hay salamandras y ajolotes, o sea, esos anfibios que los científicos denominan urodelos porque tienen cola. En realidad no son muy abundantes y se les ve poco, porque parece que son muy huidizos. La gran mayoría de las salamandras son de tamaño pequeño. Su cuerpo, que es alargado y semicilíndrico, mide unos veinte centímetros con todo y cola. Sólo hay dos especies que alcanzan los dos metros y medio: una en China y otra en Estados Unidos. En cuanto a los ajolotes, son animales típicamente mexicanos, conocidos ya por nuestros antepasados prehispánicos. Y la verdad, la verdad, el ajolote es uno de los anfibios más extraños. Parece pez y hasta tiene branquias en forma de penacho, a cada lado de la cabeza. Posee cola, con la que se impulsa al nadar. Tiene patitas como los lagartos; y pulmones, como los mamíferos, las aves y los reptiles. Casi siempre está en el fondo del agua. Pero a veces, cuando se le ocurre ver cómo están las cosas en la superficie, asciende desde abajo como un submarino, e infla sus pulmones para poder permanecer flotando. Y por fin llegamos a los cecílidos, que son unos anfibios cilíndricos, alargados y sin extremidades, parecidos a las lombrices. Su cuerpo vertebrado apenas llega a los ocho centímetros de largo y su cola es muy corta. Los cecílidos no habitan en el agua, pero tampoco sobre la tierra. ¿Y entonces, dónde? Siempre enterrados en los pantanos. Para desplazarse, se encogen y se estiran como acordeón, haciendo uso de la cabeza para abrirse camino. Y como son muy pocos los cecílidos existentes en la actualidad y siempre están ocultos, sus costumbres son poco conocidas. ¡Vete a saber qué harán ahí, debajo de tanto fango! ¿De qué se alimentan los anfibios? Pues de insectos, principalmente. Sólo que cada quien tiene su propia estrategia. Aquellos que cazan en la tierra, se aproximan con sigilo a su presa, y luego extienden su lengua tentando al insecto. Y ahí se acabó la historia, pues como la lengua de los anfibios secreta una sustancia pegajosa, los insectos quedan adheridos a ella y de inmediato pasan al estómago del cazador. Pues los insectos, principalmente. Sólo que cada quien tiene su propia estrategia. Aquellos que cazan en la tierra, se aproximan con sigilo a su presa, y luego extienden su lengua tentando al insecto. ¿Astutos, no? Como ves, los anfibios no causan daño a los intereses del hombre. No molestan a nadie, y hasta son beneficiosos, pues muchos de ellos se usan para controlar plagas de insectos. Y en el caso de ciertas ranas y salamandras, mucha gente guisa con ellas platillos deliciosos. Por otro lado, los anfibios no tienen manera de defenderse frente a los seres humanos. Prueba de ello es que, cuando el hombre fue estabeciéndose en lugares habitados por anfibios, muchos de éstos fueron desapareciendo.

Hello world!

Posted On octubre 23, 2009

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